La restitución de la convivencia democrática y la justicia política dependerán del control de la Asamblea que se logre en las parlamentarias, antes que de la presión internacional. Por supuesto, ¿quién no agradecerá la solidaridad de Felipe González y otros expresidentes con el país? ¿Quién duda de su genuina preocupación por el deterioro de la democracia y, en particular, por los presos políticos? ¿Alguien sería capaz de no reconocer que su interés en los derechos humanos permitirá al mundo enterarse de los problemas que en esa materia viven los venezolanos? Sin embargo, la intervención de los exmandatarios se produce en un contexto marcado por la reacción hostil que muchos tuvieron por el decreto de Obama. El ambiente está dominado por el nacionalismo, no por el beneplácito con la injerencia de agentes externos en los conflictos de la nación. Son muchos los estudios que certifican que el nacionalismo es un cable que se enchufa a las pasiones y emociones primarias, no a la razón.
Hay agendas que no favorecen la aproximación de la MUD con sectores que requieren sumarse para ganar la mayoría absoluta de la Asamblea. De hecho, produciría más votos colocar en la calle un debate que resulte igual de atractivo para el opositor, los independientes y chavistas decepcionados que conseguir algunas declaraciones de los ex-mandatarios Aznar, Piñera o Uribe. Incluso, tal vez haya que reconocer que la cuestión de los presos políticos es también una zona caliente. El tema separa, no reunifica al electorado. Las interpretaciones y posiciones están divididas sobre los motivos que justificaron las detenciones de los dirigentes. La oposición debería reflexionar con cierto pragmatismo sobre el protagonismo que dan a esos asuntos en estos momentos. Pues la Asamblea se ganará por los aciertos que se tenga en juntar al electorado, no colocando en la opinión pública materias que encienden las diferencias entre los militantes o por los reclamos que formulen algunos invitados extranjeros.
La vocería internacional tiene algún impacto en los medios mundiales, glamour y mucho esnobismo; pero lo concreto es que los venezolanos con sus votos modifiquen la realidad de un Estado que le estrangula sus vidas. Basta señalar que el CNE se alista para favorecer a los candidatos del PSUV modificando el número de diputados que serán electos en los circuitos, mientras la oposición se distrae defendiendo las opiniones que sobre Venezuela ofrecen conocidas figuras globales.
Hay una población que se mantiene a la expectativa de conseguir una ruta para materializar un pacto político que permita desplazar al inescrupuloso cártel que lucha por perpetuarse en el poder. De allí que no pareciera razonable seguirle metiendo altavoz a problemas que dividen a los ciudadanos, en vez de colocar en primer plano una oferta que triangule los intereses de un electorado que por distintos motivos está atomizado y escéptico.
La complicada situación de la república es una oportunidad para los directivos de la oposición. Les permite demostrar que la propuesta de El cambio es una promesa realizable. Sobre todo, en esta hora los jefes de la oposición deberían evidenciar que el cambio político se inicia al transformar el malestar que hay en millones de venezolanos en una alianza electoral con carácter nacional.
Alexis Alzuru
@aaalzuru